En fin, a veces tengo la necesidad de leerte, de sentirte más cerca que nunca, a veces hasta de tocarte, pero recuerdo lo lejano que estás y todo el dolor que provocaste...que me provocaste aquella noche.
La verdad es que no sé porque te escribo, si que no lo leerás, pero hoy - sí, especialmente hoy - se vinieron a mi mente todos los recuerdos, pero por sobre todo los de aquella noche. Recuerdo haberte encontrado en la estación de metro favorita (donde venden trufas de colores), ahí me esperabas con tú cara de niño gentil y tu cuerpo tirado sobre los escalones; esa noche imaginé que algo te tragaría, raro no? Tú corazón apretado se colgó de mi cuello para ver que me pasaba/sentía; yo sólo intenté cerrar mis ojos, pero me encantaba verte besándome, así que una vez más me quedé con los ojos abiertos mientras sentía esa conexión, esa que nunca fue tal. Te tomé de la mano, miraste con dolor (yo creo que ya sabías lo que pasaría) de ahí en adelante fuimos casi contando los pasos, meditamos lo que éramos, mirábamos como nuestras zapatillas se llenaban de barro mientras caminábamos tranquilos por el parque...Por algún extraño motivo sólo recuerdo el verte en mi cama, desahuciado, con los ojos brillosos de pena, en blanco; si, lo sé; jamás te pude llenar de amor.
Recuerdo casi como una imagen tus movimientos: tú cara asombrada y a la vez espantada de la felicidad falsa que te entregaba, luego agachaste la cabeza, bajaste lentamente, ensuciaste tu nariz; yo con mi lengua limpié el exceso de coca. Qué más? luego me volviste a besar con la dulzura que nunca antes había sentido, te estiraste, recogiste tus sentimientos y mientras te vestías olvidaste que yo te quería hacer feliz. Ilógico lo que sucedió después… me dijiste que querías volar, comenzaste a correr, a gritar, te seguí, te perseguí, pero no te alcancé.
Hoy recordé el escenario: yo estaba a una cuadra de ti (eran las 5.30) pasaban los típicos, los que siempre pasaban, los que a esas alturas ya eran nuestros amigos, y tú como el antagonista de la historia, extasiado y enloquecido, con ganas de volar saltaste del puente para ver si de una vez por todas te salían alas; yo me quedé ahí, sin hablar, sin pensar, sin sentir. Nunca te vi emprender el vuelo.
*No sé...hoy fué simplemente extraño desde el levantarme, la tarde, lo que hice...en fin; todo.

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