lunes, 11 de marzo de 2013

Luciano a la cuenta de tres: 1, 2 y 3…




Lo pensó. Comenzó por lo más difícil de una. Miró lo que aún quedaba; una mísera parte se quería quedar, el resto ya vagaba entre las oleadas que susurraba el viento en su cara. Lo volvió a pensar, se negó/renegó, pero cayó en sí. Miró de frente, no podía sostener sus piernas, ni brazos, ni su torso… calló rendido, con la cabeza encorvada miró sus pies; le pareció tan lejano su cuerpo. La soga al cuello lo asfixiaba un poco más a cada instante, el agua cristalina y dulzona brotó de sus ojos, se le nubló la vista y no vio.
Alejado, y aún más, perdió el control, rió y rió… se cagó de la risa el idiota; al segundo después volvió a sentir que le desgarraban el alma. Volvió a llorar. Pasaron horas, quizás días, meses o años, el nunca lo supo. Se fatigó. Se cansó.
Al tiempo dejó de sentir; el alma ya no estaba, sólo tenía un vacío en su pecho, un vació en el cual sólo quedaba el eco de un nombre que cada vez se le hacía más difícil recordar y más extraño también. Él olvidó los gritos y los llantos y los suspiros y los besos y los abrazos y todo. Perdió todo.
Secó sus lágrimas, sacudió su ropa, limó sus dientes y miró por última vez la tierra tan de cerca. Con algo más que suerte logró ponerse de pié. Sus fuerzas ya no eran las mismas, nunca supo porque volvía a mirar desde arriba ni qué lo impulsó a hacerlo, sólo lo hacía porque sí. Comenzó con un paso debilucho, el muy jetón casi se cayó un par de veces, pero siguió. Aún le dolía no tener algo, no sentir, pero siguió. Caminó sin parar.
En un momento tomó un par de ramas caídos de un nogal, las usó de casa para los días de lluvia, hiló unos retazos a su ropa para emperifollarse un poco, le dio color a sus rostro con alguna que otra sonrisa, y en una caja juntó sus más valiosos recuerdos. Cada cosa que pudo la tomó, le dio valor  y siguió.
El trecho se le hizo inmenso, el viaje lo alejó. Perdió a quien más amaba, pero supo que esa chica algún día le agradecería poder dejarla ser feliz. De su familia nunca más se supo aunque todos creen que siguen viviendo ahí; los amigos tampoco volvieron a saber de él.
Se dedicó a borrar cada huella, a no dejar rastro alguno, a confundirse entre la gente, y así desapareció.


Te cuento un secreto?....
…Luciano, a veces así me llamo…


*  A punto de tomar una desición * 


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